




El Vivero Dunícola Florentino Ameghino constituye uno de los paseos
más tradicionales de la Ciudad de Miramar, visitado tanto en verano
como en invierno por gran cantidad de personas (turistas y locales) que
llegan aquí para pasar un agradable día en familia, comiendo
un asado, tomando sol o explorando los interminables caminos y, en todo
caso, buscando escapar del bullicio de la ciudad de la cual la separan
una pocas cuadras al punto que muchos de los visitantes llegan en bicicleta
o caminando.
El vivero tiene mas de 500 hectáreas forestadas con imponentes
eucaliptos y varias especies de coníferas. El paisaje ofrece un
encanto fascinante, los caminos desarrollan sus intrincados trayectos
subiendo y bajando en lomas y médanos entre añosos pinos
que crecen junto a los aromos. En primavera y verano los aromos florecen
tiñendo de amarillo el paisaje y dando al aire un particular perfume.
Explorar sus caminos internos puede convertirse en una experiencia fascinante
que permite penetrar en zonas menos transitadas e inaccesibles para los
automóviles y otros vehiculos, descubriendo agrestes paisajes que
parecen no haber sido alcanzados por otras personas, en ocasiones, alguno
de estos caminos nos lleva por un cerrado monte que de pronto se abre
dejando acceso a los médanos y el mar.
Algunos prefieren recorrer el vivero en bicicleta y hay quienes lo hacen
practicando mountain bike entre sus senderos (aqui se desarrolló
esa disciplina durante los últimos juegos panamericanos con sede
en la ciudad de Mar del Plata), otros pasean a caballo o montando en cuatriciclos,
motos y diversas clases de vehiculos todo terreno.
Entre todas las actividades que es posible realizar
en el vivero, posiblemente la más emblemática sea la de
venir a comer un asadito, todos lo días durante el verano y los
fines de semana en el resto del año llegan a estos montes grandes
cantidades de personas buscando su reparo para hacer el fuego en el que
prepararán su comida.
Para poder llevar a cabo estas actividades con una buena
cuota de seguridad, evitando la posibilidad de incendios, se han construido,
en varios sectores del predio, fogones de mampostería junto a cada
uno de ellos hay una mesa de madera de manera tal que el visitante solo
debe traer la carne y el carbón.
En las zonas destinadas a los fogones hay lugares de juegos
para niños, kioscos, puestos de alquiler de bicicletas y carritos,
puestos de alquiler de caballos, una pista de karting, baños públicos
y muchísimo lugar para armar el picadito mientras se prepara el
asado.
Llegar al sector de fogones es sencillo si usted ingresa
al vivero por la avenida 26 ya que la calle de entrada desemboca directamente
en uno de ellos, de todas formas le recomendamos consultar el mapa en el que aparecen señalados todos los ectrores de fogones junto
al resto de los puntos importantes.
Notas Importantes:
A este sitio, construido con maderas obtenidas de los bosques circundantes que se dan marco a la imagen de la Virgen de Lourdes,y rodeado del mismo clima que llena todo el vivero, llegan diariamente gran cantidad de personas en busca de un espacio de reposo y meditación.
El Vivero no solo es un gran parque
con gran cantidad y variedad de árboles y otras plantas en el que
es posible pasar un agradable momento de descanso, también es un
lugar de recreo al que la gran mayoría de la gente se acerca con
intenciones de hacer un asado o pasar un día de picnic.
Ante esta posibilidad no podía
faltar el entretenimiento para los niños, teniendo en cuenta que
ellos no siempre se conforman con las mismas cosas que divierten a los
mayores.
Los juegos para niños se encuentran
cerca de las zonas de fogones y van desde los tradicionales juegos de
plaza hasta una pista de karting, alquiler de bicicletas y de caballos
y el recientemente instalado Parque de la Aventura en el que es posible
divertirse entre redes y sogas tendidas en las alturas de los árboles.
La zona de Miramar y sus alrededores, en particular la de
las barrancas, es mundialmente conocida por su abundancia de material
paleontológico, restos de animales que vivieron aquí en
épocas prehistóricas, de hecho, ha sido en esta zona donde
el eminente paleontólogo Florentino Ameghino realizó gran
parte de sus descubrimientos e investigaciones.
También es conocida la cantidad de restos arqueológicos,
puntas de flechas, boleadoras, morteros, alfarería, que se han
encontrado, tanto en los médanos como en los campos y en las riberas
de los arroyos.
Todo esto, sumado al material que hace a la historia más
reciente de la ciudad se encuentra expuesto en el Museo Etnográfico
y Paleontológico Punta Hermengo que tiene su sede en el vivero.
El museo presenta su colección en dos edificios,
en uno de ellos se encuentra el material histórico y en el otro
las muestreas palontológicas y arqueológicas, allí
se pueden ver los restos de alfarería indígena y material
de piedra junto a restos fósiles de gliptodontes y smilodontes.
Vale la pena hacerse una recorrida por este lugar a apreciar
un pequeño trozo de nuestro pasado.
El Bosque Oscuro o Monte Energético es tal vez uno
de los mitos locales más populares.
Se dice que por el año 1989 arribó a Miramar un grupo de
científicos que tenían como misión investigar ciertas
alteraciones de los campos electromagnéticos que, según
lo indicaban los satélites, se producían en un punto en
particular del Vivero.
El lugar que eligieron estos científicos para realizar
sus mediciones es un monte de no más de 100 metros de diámetro
que algunos lugareños conocían desde hace muchos años
y que denominaban Bosque Oscuro por tener la particularidad de ser tan
espeso que la luz del sol no llega a penetrar las copas de los pinos y
llega al suelo únicamente al atardecer.
A partir de la llegada de la misión científica
comenzaron a tejerse gran cantidad de fábulas y mitos en torno
al pequeño monte, ahora denominado Monte Energético.
Puede creerse o no todo lo que se dice acerca de este lugar, lo cierto
es que cada fin de semana del año llega a Miramar gran cantidad
de personas con el único objetivo de estar un rato a la sombra
de los pinos del Monte Energético.
El lugar merece conocerse ya que, aunque algo deteriorado por el paso
de tanta gente, mantiene su magia y su extraño clima, no solo es
un sitio en perpetua penumbra sino que cuando se penetra en él
lo sonidos parecen apagarse al punto que, aunque veamos a otras personas
en las cercanías, sentimos que nos encontramos solos.
En la época de abril y mayo, pese a que la luz del sol no alcanza
el piso, es posible encontrar pequeños retoños en la turba,
al pie de los pinos.
Para llegar sólo es necesario tomar por la avenida 40 en el sentido de la numeración creciente, si continuamos por esta calle desembocaremos en la ruta 11, siguiendo por ésta tendremos el vivero a nuestra izquierda y, a poco de andar encontraremos el lugar, bien señalizado y, la mayoría de las veces, con gran cantidad de automóviles en el estacionamiento.